IMCA: 63 Años Tejiendo Vida en el Campo Colombiano

Hoy marcamos un hito significativo en la historia del Instituto Mayor Campesino (IMCA): celebramos con profunda gratitud nuestro 63º aniversario. Desde aquel lejano 1962, hemos tenido el inmenso privilegio y la responsabilidad de acompañar, apoyar y cuidar los complejos procesos de desarrollo de las comunidades rurales de nuestro país, con un énfasis especial en el departamento del Valle del Cauca. Nuestro compromiso fundacional, y el que nos sigue guiando día a día, es innegociable: colocar la vida en el centro de cada acción que emprendemos.

Nuestra trayectoria de más de seis décadas no es un mero recuento de proyectos; es una narración viva de alianzas, aprendizajes, desaprendizajes, reaprendizajes y transformaciones, inspiradas profundamente en la Espiritualidad Ignaciana. Esta rica tradición nos impulsa a ir más allá, a estar en las fronteras, a encontrar la presencia de Dios en todas las cosas, en la dignidad de cada persona, en la fecundidad de la tierra, y en la sabiduría ancestral de nuestras comunidades rurales. Es esta misma espiritualidad la que nos convoca a un servicio desinteresado hacia las demás personas y a asumir con urgencia el cuidado de la casa común, nuestro planeta, un imperativo ético y ecológico.

Durante todo este tiempo, hemos trabajado incansablemente junto a hombres y mujeres del campo. Hemos sido testigos, a pesar de las adversidades, de su resiliencia, de su ingenio y de su inquebrantable espíritu de lucha. Junto a estas comunidades, hemos promovido un desarrollo rural integral que va más allá de lo puramente económico, abarcando dimensiones sociales, políticas, culturales, ambientales y espirituales. Nos hemos esforzado por fortalecer sus capacidades, empoderándolas para que sean protagonistas de su propio destino, de sus sueños y de la concreción de los mismos. Fomentar la justicia social, la solidaridad, la equidad y la sostenibilidad no son solo palabras para el IMCA; son los pilares sobre los que construimos un presente y futuro más justo y armónico.

Gracias a la inquebrantable confianza de las comunidades rurales, al compromiso férreo de nuestro equipo humano –que incluye colaboradoras/es, estudiantes y voluntarias/os–, así como al apoyo constante de organizaciones e instituciones de cooperación internacional y de gobiernos municipales, el IMCA ha logrado generar un impacto significativo en diferentes territorios rurales. Hemos cultivado esperanza en terrenos a menudo áridos, y hemos contribuido a construir un mejor vivir, digno y pleno. Queremos seguir tejiendo estas historias de vida, progreso y bienestar, expandiendo nuestra labor y profundizando nuestras raíces en el corazón del campo colombiano.

Nuestro Compromiso con las Comunidades Rurales: Aportes clave del IMCA

a.) Agroecología: El cuidado de la casa común es un pilar central de nuestra misión ignaciana. Desde hace décadas, el IMCA ha sido un promotor incansable de la agroecología como camino hacia la soberanía alimentaria alimentaria y al cuidado ambiental. Hemos acompañado a innumerables familias campesinas y étnicas en la transición de prácticas agrícolas convencionales a modelos más armónicos con la naturaleza. Esto ha implicado la capacitación en técnicas de siembra y cultivo que respetan la biodiversidad, la conservación de suelos y fuentes hídricas, la implementación de bioinsumos y el fomento de la diversificación de cultivos. Nuestra labor ha contribuido a la recuperación y/o conservación de semillas nativas y criollas, el establecimiento de huertas y huertos familiares bajo principios agroecológicos, buscando que la producción de alimentos se integre con la salud de los ecosistemas, lo que es esencial para el sostenimiento de toda forma de vida en el planeta.

b.) Economía Solidaria: Para asegurar la sostenibilidad económica y la autonomía de las familias rurales, desde el IMCA se ha puesto un énfasis significativo en el impulso de la economía solidaria. Creemos firmemente que la asociatividad y la cooperación son herramientas poderosas para mejorar las condiciones de vida en el campo. Hemos apoyado la creación y fortalecimiento de asociaciones de productores/as y empresas comunitarias de economía social y solidaria, facilitando la capacitación en gestión empresarial, la comercialización justa y el acceso a nichos de mercado. Nuestro trabajo se ha centrado en generar valor agregado a los productos agrícolas, promover circuitos cortos de comercialización y asegurar que el trabajo de las comunidades rurales sea reconocido, valorado y justamente remunerado. Al fortalecer estas iniciativas económicas solidarias, contribuimos en la mejora de los ingresos familiares, fortalecemos el tejido social y empoderamos a las comunidades para que sean gestoras de su propio desarrollo económico.

c.) Gestión Comunitaria del Agua: El acceso y manejo sostenible del agua son vitales para todas las formas de vida y la productividad en el campo. El IMCA ha acompañado a numerosas comunidades en la implementación de modelos de gestión comunitaria del agua, reconociendo la importancia de este recurso para el consumo humano, la higiene, las actividades productivas y los ecosistemas. Hemos brindado asesoría técnica, apoyo y acompañamiento en el mejoramiento y mantenimiento de acueductos rurales, sistemas de recolección de aguas lluvias y sistemas de riego eficientes. Más allá de la infraestructura, nuestro enfoque ha priorizado la formación de gestoras y gestores del agua, promoviendo la apropiación, el cuidado, el uso y la administración responsable de este líquido vital por parte de las propias comunidades. Esto asegura que el agua, como bien común fundamental, sea gestionada de manera equitativa y sostenible, poniendo la vida y el bienestar de las personas en el centro de su uso.

d.) Participación e Incidencia: En el IMCA, estamos convencidos de que el desarrollo rural auténtico solo es posible cuando las propias comunidades son protagonistas y tienen voz en las decisiones que las afectan. Por ello, hemos dedicado grandes esfuerzos al fortalecimiento de la participación y la incidencia política de las organizaciones rurales y/o sus liderazgos. Hemos acompañado procesos de formación de líderes y lideresas, formulación de propuestas y herramientas de negociación. Esto ha permitido que asociaciones, juntas de acción comunal y otras expresiones organizativas del campo se fortalezcan, articulen sus demandas y actúen como interlocutoras válidas ante instituciones públicas y privadas. Nuestro objetivo es que las comunidades rurales ejerzan plenamente su ciudadanía, defiendan sus territorios y aporten en la construcción de políticas públicas que respondan a sus necesidades y aspiraciones, asegurando así un desarrollo que realmente ponga la vida y la dignidad rural en el centro.

e.) Equidad de Género: En el IMCA, reconocemos que no puede haber un desarrollo rural integral y justo sin la plena participación y el empoderamiento de las mujeres. A lo largo de nuestra historia, hemos trabajado activamente en la promoción de la equidad de género, entendiendo que las mujeres rurales son pilares fundamentales en distintos roles, algunos de ellos invisibilizados por la cultura patriarcal de nuestra sociedad. Por eso, nuestras acciones buscan desmantelar las barreras que limitan su desarrollo, impulsando su valoración y reconocimiento en todos los ámbitos. Esto se traduce en el apoyo a su liderazgo en las organizaciones rurales, la capacitación en habilidades productivas y empresariales que les permitan generar autonomía económica, la creación de espacios seguros para que sus voces y propuestas sean escuchadas, entre otras acciones. Impulsamos iniciativas que visibilizan sus aportes en la agroecología, la economía solidaria, la gestión comunitaria del agua, el liderazgo comunitario, etc. asegurando que sus conocimientos ancestrales y su trabajo diario sean justamente valorados.

Estos 63 años de trayectoria nos llenan de profunda satisfacción y nos impulsan a seguir adelante con renovado entusiasmo. El camino no ha estado exento de desafíos, pero la resiliencia de las comunidades y el compromiso de quienes hacemos parte del IMCA nos han permitido seguir caminando a su lado. En este 63º aniversario, reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable con las comunidades rurales de Colombia. Seguimos adelante, con mucha esperanza y la mirada puesta en un futuro donde el bienestar de nuestras comunidades rurales sea una realidad plena, donde la vida en todas sus expresiones sea protegida, valorada y florezca en cada rincón de nuestro amado campo colombiano. ¡Gracias por ser parte de esta historia, de este compromiso y de este servicio que pone la vida en el centro!

Redacción 

Pedro Antonio Ojeda Pinta

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