DOS DÉCADAS DE CAMINO: El agua en manos de las comunidades está más segura.

En Guadalajara de Buga, el 13 y 14 de marzo de 2026, el murmullo del agua se convirtió en palabra colectiva, en memoria viva y en horizonte compartido. Más de 160 personas, representantes de acueductos comunitarios, organizaciones sociales, academia e instituciones públicas y privadas, se dieron cita en el denominado “XX Encuentro Regional de Acueductos Comunitarios del Valle del Cauca”, un espacio que en esta ocasión conmemoró dos décadas de trabajo articulado y reafirmó una convicción que atraviesa territorios y generaciones: el agua, cuando está en manos de las comunidades, está más segura

Desde las primeras horas de la mañana, el ambiente se fue llenando de saludos, abrazos y conversaciones que evidenciaban algo más profundo que un evento formal: Se trataba de un reencuentro, un acto de reconocimiento mutuo entre quienes comparten una misma causa; entre procesos que han sostenido, con esfuerzo y compromiso, sistemas de abastecimiento de agua en zonas rurales donde el Estado muchas veces no alcanza a llegar.

La apertura del encuentro a cargo de Pedro Ojeda Pinta – director del IMCA y María Esneda García – presidenta de FECOSER, estuvo marcada por palabras que recogieron la esencia del camino recorrido. En ellas se destacó la importancia de mirar hacia atrás para comprender el presente y, sobre todo, para proyectar el futuro. Más de 20 años de experiencia del Proceso de Fortalecimiento de la Gestión Comunitaria del Agua en el Valle del Cauca, un trabajo conjunto entre el IMCA, FECOSER y sus aliados, han permitido consolidar una plataforma que se ha convertido en un referente nacional. Este acumulado no es menor; implica aprendizajes técnicos, procesos organizativos, luchas por el reconocimiento, articulación multiactor y, sobre todo, la defensa de un bien común esencial para la vida.

Uno de los momentos más simbólicos de la jornada inicial fue el acto artístico que acompañó la apertura. A través del lenguaje del arte, el agua dejó de ser un concepto técnico para convertirse en emoción, en identidad y en cultura. Este gesto recordó a los asistentes que la gestión comunitaria del agua no es únicamente un asunto de infraestructura o normatividad, sino también de sentidos, de vínculos y de pertenencia.

En el desarrollo de la agenda, el IMCA presentó los avances del proceso de fortalecimiento de la gestión comunitaria del agua en el departamento. Allí se evidenció que no se trata de experiencias aisladas, sino de un proceso estructurado que ha logrado articular capacidades locales, regionales, nacionales y de cooperación internacional, complementado con acompañamiento político-organizativo a través de la Red Nacional de Acueductos Comunitarios. La gestión comunitaria del agua ha demostrado ser una alternativa eficiente, efectiva, eficaz, sostenible, solidaria y profundamente democrática para garantizar el acceso al agua en territorios rurales. Esta afirmación, respaldada por años de trabajo, resonó con fuerza entre las personas participantes.

El encuentro también abrió un espacio para dialogar con diferentes entidades de ámbito regional y nacional. La academia, por su parte, aportó una mirada técnica que complementó las experiencias comunitarias; en este caso, desde el programa de ingeniería civil de la Pontificia Universidad Javeriana – PUJ Cali, se compartieron estudios y análisis sobre los sistemas de abastecimiento, evidenciando tanto sus fortalezas como los retos que enfrentan. Este diálogo entre saberes fue clave para reconocer que el conocimiento no está concentrado en un solo lugar, sino que se construye en la interacción entre la experiencia práctica y la reflexión académica.

Uno de los espacios más enriquecedores fue el intercambio de experiencias entre procesos territoriales que son parte o están en camino de articularse al tejido social de la Red Nacional de Acueductos Comunitarios. Allí, voces provenientes de distintas regiones del país (Nariño, Cauca, Risaralda, Valle del Cauca, Cundinamarca, Meta y Norte de Santander) compartieron sus aprendizajes, dificultades y estrategias. Este ejercicio permitió dimensionar la diversidad de contextos en los que operan los acueductos comunitarios, pero también evidenció un elemento común: la capacidad de las comunidades para organizarse, resistir y crear soluciones propias frente a la ausencia o limitación de los servicios estatales.

La tarde del primer día estuvo marcada por un ejercicio de memoria colectiva. Durante casi dos horas, las personas participantes se sumergieron en un recorrido por los hitos, logros y desafíos del proceso organizativo. Este espacio de diálogo entre líderes y lideresas permitió reconocer el camino recorrido y sobre todo valorar el esfuerzo de quienes han sostenido estos procesos a lo largo del tiempo. Reconocer la historia es fundamental para fortalecer la identidad y proyectar el futuro de los acueductos comunitarios y las organizaciones comunitarias gestoras del agua (asociaciones, juntas, corporaciones, cooperativas, etc.) quienes hoy en día y fruto de su trabajo insistente han ganado protagonismo en las agendas político-gubernamentales de ámbito local, regional y nacional.

La Asamblea General de FECOSER, realizada al cierre de la jornada, fue un momento clave de gobernanza interna. Allí se presentaron informes, se discutieron decisiones y se reafirmaron compromisos. Este ejercicio democrático es una muestra de la solidez organizativa que caracteriza a estos procesos, donde las decisiones se toman de manera colectiva y transparente. En esta oportunidad, la Asamblea también llevó a cabo la elección de su nueva Junta Directiva para el periodo 2026 – 2030, donde 11 personas fueron elegidas de manera democrática y equitativa en términos de género y representación territorial. La jornada del primer día cerró con un espacio de encuentro más distendido, en el que la cultura, la música y la conversación permitieron fortalecer los lazos entre las personas participantes. Estos momentos, aunque informales, son esenciales para construir confianza y fortalecer el sentido de comunidad, elementos fundamentales para la sostenibilidad de cualquier proceso colectivo.

El segundo día inició a cargo de la comisión consultiva de la Red Nacional de Acueductos Comunitarios, quien realizó una mirada hacia el contexto normativo y político que rodea la gestión comunitaria del agua. Uno de los temas centrales fue la llamada “Ley Propia”, una iniciativa que fue aprobada en el Congreso de la República y que busca reconocer y fortalecer el papel de los acueductos comunitarios en el país. La construcción de esta ley representa una oportunidad histórica para que las comunidades sean reconocidas como actores legítimos en la gestión del agua.

En la misma línea, se abordó el Decreto 0960 de 2025, una normativa que plantea tanto retos como oportunidades para los acueductos comunitarios. Las discusiones giraron en torno a la necesidad de que estas regulaciones se construyan con participación efectiva de las comunidades, evitando imponer modelos que no respondan a las realidades territoriales. La normativa debe ser un instrumento de fortalecimiento y no de limitación para la gestión comunitaria del agua.

Por su parte, la presencia del Viceministerio de Agua y Saneamiento Básico y de la Comisión de Regulación de Agua – CRA, permitió profundizar en los avances en políticas públicas relacionadas con el sector. En este espacio, se destacó la importancia de generar marcos normativos que reconozcan la diversidad de modelos de gestión y que promuevan la equidad en el acceso al agua. Este diálogo evidenció que, aunque existen avances, aún hay un camino importante por recorrer y superar algunos retos estructurales para lograr una articulación efectiva entre el Estado y las comunidades.

Al finalizar, el sentimiento general era claro: el encuentro no fue un punto de llegada, sino un punto de partida. El Proceso de Fortalecimiento de la Gestión Comunitaria del Agua en el Valle del Cauca sigue siendo un proceso vivo, en constante construcción, que enfrenta desafíos, pero también concreta acciones pertinentes de alto impacto y abre caminos de esperanza.

En un contexto global marcado por la crisis climática y la creciente presión sobre los recursos hídricos, experiencias como estas adquieren un valor aún mayor. No se trata sólo de garantizar el acceso al agua, sino de hacerlo de manera justa, solidaria, equitativa, sostenible y participativa. En este sentido, los acueductos comunitarios no son una solución marginal, sino una alternativa central para repensar la gestión del agua en el país.

Así, entre palabras, cosechas, aprendizajes y compromisos, el XX Encuentro Regional de Acueductos Comunitarios dejó una huella profunda en quienes participaron. Una huella que recuerda que el agua además de ser el componente más importante de la naturaleza es también un derecho humano fundamental, un vínculo y una responsabilidad compartida. Y que, en manos de las comunidades, ese derecho encuentra una de sus formas más auténticas de realización.

Redacción

Pedro Antonio Ojeda Pinta

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